Ópera y conciertos en Praga

Ópera del Estado de Praga


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Nabucco, Ópera de G. Verdi

Nabucco, Ópera de G. Verdi

Giuseppe Verdi encontró su salvación musical en Nabucco. Cuando aceptó el encargo en 1841, estaba sufriendo por la pérdida de sus seres queridos y su más reciente ópera había sido abucheada fuera del escenario. Aparentemente tan estupefacto como su personaje principal, Verdi de alguna manera convocó a sus poderes creativos y el resultado fue un enorme éxito. Nabucco, con toda su gloria musical y épica, viene ahora a Praga para proclamar una vez más el genio operístico del maestro.

A pesar de que Verdi estaba comprensiblemente deprimido por sus problemas personales y profesionales, el director de La Scala, Bartolomeo Merelli, insistió en que compusiera una ópera bíblica. El libretista de Nabucco, Temistocle Solera, se había inspirado en los Libros de Jeremías y Daniel así como en la obra de teatro de 1836 Nabuchodonosor de Auguste Anicet-Bourgeois y Francis Cornu, que establecieron el argumento principal de la ópera. Conmovido por la historia transformadora y optimista, Verdi aceptó.

Nabucco presenta la conquista de Israel por el rey babilónico Nabucodonosor II (o Nabucco, como es nombrado en esta obra). Mientras los ejércitos de Babilonia se apoderan de Jerusalén, el triángulo amoroso de la ópera se revela dentro del templo del rey Salomón. La propia hija de Nabucco, Fenena, y el israelita Ismaele están enamorados; la manipuladora medio-hermana de Fenena, Abigaille, sufre de amor no correspondido por Ismaele e inventa una serie de intrigas para usurpar el trono.

Tras el triunfo del malvado plan de Abigaille, Nabucco va a parar a la cárcel, mientras que Fenena, Ismaele y el pueblo capturado de Israel se enfrentan a la ejecución. El rey babilónico encarcelado sufre una fantástica transformación y su corazón se abre al Dios de Israel. Con su nueva fe, Nabucco logra frustrar las intenciones asesinas de Abigaille y libera a los israelitas para terminar con un final feliz.

Nabucco marca el nacimiento de Giuseppe Verdi, el maestro de la ópera, como lo conocemos. El estreno en La Scala de Milán el 9 de marzo de 1842 fue un triunfo ante la crítica y el público. Aunque la historia estaba en sintonía con la época, fue la música fantástica e inspiradora de Verdi la que convirtió a Nabucco en una obra de arte operístico verdaderamente atemporal. El maestro inyectó en sus personajes una emoción y una pasión crudas que atrapan al público y se niegan a dejarlo ir.

El personaje que da título a Nabucco alterna entre el exceso de confianza beligerante, el amor paternal, la desesperación loca y la piedad silenciosa, mientras que el papel de Abigaille empuja a la soprano al borde de sus habilidades vocales y dramáticas. Sin embargo, nada eclipsa al Va, pensiero, el coro de los hebreos esclavizados, que se convertiría en la tarjeta de presentación de Verdi.




image State Opera Prague / Ondřej Kocourek